A propósito de la cuestión griega

Francisco D. Colectivo Brumario

I. Introducción

Este texto no tiene más objetivo que señalar algunas de las contradicciones que son planteadas en torno al debate griego. Antes de empezar a desmenuzar algunas de éstas, las que consideramos de mayor relevancia o interés, queremos poner de manifiesto nuestras limitaciones a la hora de tratar las cuestiones relacionadas con el panorama concreto o cotidiano griego. Señalar esto a priori es para nosotros de gran importancia, ya que ponemos en valor la práctica y la observación directa frente a la opinología, especialmente si proviene de periódicos, blogs y televisiones de la Europa Occidental, quienes en ocasiones parece que se esfuerzan en demostrar que no tienen ni la menor intención de entender y de conocer sobre cuestiones que son capaces de zanjar con verdades determinantes y sentencias inquebrantables.

En segundo lugar, escribimos a propósito de Grecia porque consideramos que es de interés para nuestra práctica más cercana e inmediata, dada las similitudes y posibilidades de comparación en ciertos aspectos, así como las influencias que nos suponen los resultados y fluctuaciones de la coyuntura griega.

Con esto, queremos poner también de manifiesto nuestro rechazo a la voluntad de buena parte de las organizaciones políticas y “distribuidores de opinión” que sienten una imperiosa necesidad de dictaminar y tener algo que decir sobre cualquier cuestión que suceda, por lejos que estén y poca capacidad de influencia sobre su propia coyuntura o sobre la que ofrecen opiniones infructíferas. Entendemos que esto no tiene ningún carácter revolucionario, ni estratégico, sino que tiene más que ver con un ánimo acadamizante o periodístico.

Por último, queremos señalar que este es el primer documento a propósito de esta cuestión, dado que entendemos la complejidad de esta, la voluntad de hacer un análisis pausado y la necesidad de puntualizar algunos elementos que están en plena evolución.

II. El mitin frente el motín, ¿Cuál es el papel Syriza en un posible contexto de ruptura?

Esta es en definitiva la pregunta que cabe hacerse ante la coyuntura de la victoria de Syriza. Sin embargo, es fundamental como punto de partida, preguntarse a propósito de la necesidad del abandono del desarrollo de tesis que se planteen si ésta o sus distintos homólogos españoles son reformistas, oportunistas o traidores como un a priori. Es tras este examen sobre la práctica y bajo el análisis de la perspectiva futurible que podríamos llegar a las conclusiones que sean definitorias con estos actores y no al contrario, es decir, a través de la definición llegamos al concepto y ante la preasignación del concepto se adopta una actitud. En definitiva, entendemos que es necesario analizar cuál es el papel concreto de los actores en cada circunstancia, cómo repercute este papel en la correlación de fuerzas y las diferencias tácticas y estratégicas con ellos, y no la preasignación de adjetivos y apelativos.

También sería inocuo un análisis de la coyuntura que no analizara o recuperara el recorrido los factores que se constituyen como elementos pilares, fundamentales o fundacionales. Uno de estos sería la integración en la Unión Europea, lo cual se acabaría convirtiendo en uno de los factores determinantes de las condiciones que determinarán en nuestros días la balanza de resultados saldada en la lucha de clases, o al menos la expresión pública de esto. Lo que queremos decir con estas líneas es que la Unión Europea, como representante de la Troika, parece haberse convertido para Syriza, así como para buena parte de la izquierda europea mediterránea, en el único enemigo identificado, haciendo pensar que no fuera posible la misma existencia de la burguesía nacional.

El otro de los factores que consideramos fundamentales en este sentido, sería herencia griega de una dictadura nacional conservadora, lo que además nos recuerda vagamente al caso español, con la gran diferencia de la existencia más reciente de la organización partisana aún latente durante la dictadura en Grecia, mientras que casi la totalidad de la oposición armada y radical fue exterminada en el estado Español. Consideramos de importancia esta cuestión por la incidencia que ha venido teniendo en Grecia (y por lo que ha supuesto aún de mayor relevancia la victoria de Syriza) la apreciación de la estabilidad, la apropiación de los cánones de la democracia liberal burguesa, la reminiscencia del supuesto alumbramiento de la democracia de la civilización occidental, y todo esto ha constituido un bloque al que ha sido difícil hacer frente durante tantos años, siendo relativamente fácil caer en la marginalidad.

Entendemos que para llevar a cabo una reflexión a propósito de la cuestión que tratamos sería estúpido pensar que el ascenso y constitución del gobierno de Syriza no supone cambio en ningún plano respecto a la política griega o europea con metáforas baratas del tipo “mismo perro distinto collar” más propia de una letra de un grupo de Anarko Punk adolescente que de alguien que tenga la más mínima intención de incidencia o afán transformador; igual que es una majadería el planteamiento autojustificativo de “las propuestas reformistas hoy se convierten en revolucionarias ante la presión del capital”, como predican aquellos que un día ondeaban banderas rojas y hoy les faltan aunque las sientan como un miembro fantasma recientemente apuntado, nostálgicos de lo icónico y añorantes de balbucear eslóganes sin consecuencias, dedicados ahora a la “responsabilidad y madurez política”.

III. Syriza en la plaza Syntagma, dentro del Antiguo Palacio Real

Debemos examinar con cierta profundidad cúales son las consecuencias de la constitución de un gobierno “antiausteridad” en el marco de la Unión Europea, ya que a pesar de que entendemos que el gobierno de Syriza constituye un seguidismo del formato y el enaltecimiento de los valores de la democracia burguesa. Así mismo, también comprendemos que las condiciones y posiciones que pasan a tomar determinados sectores de la burguesía se ven alterados con respecto a un contexto de victoria del conservadurismo en lo que se refiere a las relaciones con la dirección actual de la Unión Europea, como ha sido y hubiera sido en el caso de gobernar Nueva Democracia o el PASOK. Incluso podríamos llegar a entender que esto tiene una incidencia en la correlación de fuerzas, si bien no una repercusión directa en pos ni beneficio de la clase obrera y sus capacidades, sí un debilitamiento en cierta medida de las capacidades de la facción imperante de la burguesía en Europa. Este es un debate ignorado y que sin embargo entendemos como fundamental, siendo éste habitualmente uno de los elementos explicativos de la toma de posiciones de distintos sectores y aplicables a contextos que nos son cercanos. Vemos esto presente en el llamamiento de Podemos a ser apoyados, no solo por sectores de la pequeña burguesía, sino a la generalidad de la burguesía nacional; así como también latente en la cuestión catalana en la coyuntura actual.

Así señalaban en un artículo publicado en El País a propósito de las elecciones griegas la reveladora opinión de un entrevistado, «“En otras elecciones he votado a Nueva Democracia y al Pasok, y ya no los quiero ver ni en pintura. Voy a votar a Tsipras; por muy mal que lo haga no se equivocará ni la mitad que los otros”, cuenta Fanis Pappás, pequeño empresario de automoción, en una calle de Atenas. “Nos han mentido, han robado, han esquilmado la riqueza del país y encima nos amenazan y nos conminan a votar lo ‘correcto’. Lo correcto para seguir conservando sus privilegios…”». Esto delata una intencionalidad manifiesta de establecer alianzas con los sectores de la burguesía que no simplemente se verían beneficiados con las reformas que vayan a llevarse a término por parte de la Syriza, sino también una afinidad ideológica desde una perspectiva de la tradición liberal, agarrándose a los planteamientos de renovación, igualdad, libertad, justicia, fraternidad, cambio, etc.

Así mismo, a propósito de la formación de gobierno de Syriza, entendemos la lógica del pacto circunstancial con representantes de algunos sectores de la burguesía con fines tácticos, aunque en la aplicación concreta de esta política sería segura la discusión profunda sobre el cómo llevarlas a cabo y muy probablemente sobre la necesidad o pertinencia misma de esta política. Sin embargo, ningún pacto con los sectores de la burguesía que incitan activamente a la división de la clase obrera (xenofobia, homofobia, integrismo religioso, etc.) debe ser posible, planteable, ni tolerable. Esta decisión de Tsipras y su equipo pone de manifiesto la prioridad que ha tenido la conformación un gobierno estable bajo la consigna de la prioridad nacional, bajo signos patrióticos de perfil interclasista.

IV. ¿Syriza, Podemos: venceremos?

Vemos necesario para llevar a cabo un ejercicio comparativo o de rescate de elementos útiles que sean compartidos e identificar las diferencias. Es importante señalar que la intervención de los movimientos libertarios o, por hablar en términos más generales y cómodos para todos, de las posiciones populares, críticas y rupturistas, ha sido prácticamente inexistente en términos de unidad y con cierta homogeneidad a este respecto en el Estado español y en buena medida en Grecia; por lo que podemos considerar que ha sido inexistente en todos los aspectos, ya que la suma de individualidades no constituye nunca un colectivo. Sin embargo, podríamos llegar a entender que en cierta medida se han dado algunas convergencias de relevancia, no solo dentro del espectro libertario sino entre distintas tendencias que hasta la fecha habían caminado separadas y habitualmente aisladas.

No obstante, estas experiencias de convergencia, que habitualmente se han dado dentro de luchas más o menos fragmentarias y sectoriales, no han conseguido superar la coyuntura para la que se juntan y dotarse de una cierta estructura que permita la continuidad y la memoria de esa experiencia. Así, un conjunto de experiencias fragmentadas difícilmente puede hacer frente a la ofensiva electoralista que ha sabido colocarse en el momento y el lugar apropiados. Si en algo se puede asumir una comparación con Grecia quizás sea en este punto, puesto que en ambos casos encontramos movimientos populares con aspiraciones rupturistas que protagonizan un ciclo de movilizaciones y experiencias de mayor o menor profundidad, pero parecen quedar sofocados ante el ascenso de una fuerza electoral que se reclama como novedosa. Bien es verdad que los tiempos y la intensidad en uno y en otro caso han podido ser diferentes, pero entendemos que lo que aquí es el fondo se asemeja bastante para ambos casos.

A la hora de exponer estos planteamientos en foros públicos a propósito de la cuestión griega nos han planteado en distintas ocasiones que a pesar de la existencia de grupos que han llevado a cabo una actividad contundente y constante en lo inmediato, activos en la movilización, en el trabajo sindical, en la mejora de las condiciones inmediatas ligando estas con las cuestiones macro, las cuales no se han circunscrito ni limitado a las relaciones o actividades en las que estaba sumida el ghetto, no existe una vinculación entre la tarea que desempeñan y la representatividad o apoyo electoral que poseen.

Ante esto, nos vemos obligados a plantearnos a propósito de la necesidad ineludible de la cuantificación, la necesidad de medir fuerza en términos numéricos (número de afiliados, cuantía de electores, cantidades económicas que manejan, etc.) dejando de lado la profundidad y la solidez del qué y el cómo. Por otro lado, ante esto debemos realizar una de las preguntas que parecen haberse constituido en la cuestión fundamental del debate de la izquierda, aunque para nosotros no sea así: ¿Es necesario tener una expresión electoral en cualquier circunstancia actual?

A juzgar por el momento en el que nos encontramos, pareciera que sí, que no hay otra forma de dar el salto de la marginalidad a la “centralidad del tablero político”, que de otra forma no conseguiremos resultados tangibles o que cualquier posibilidad de empuje reposa únicamente sobre las instituciones del Estado. No obstante, hemos podido ver en los dos casos que aquí se están comparando cómo los objetivos materiales se han ido liquidando para poder acomodarse a los objetivos electorales. Esto resulta bastante obvio pero es algo que no podemos perder de vista a la hora de pensar en cuál de las dos vías puede reportarnos mejores resultados. Si atendemos a las experiencias de autogestión y otras similares que se han desarrollado en Grecia en estos últimos años, lo que observamos es que resultan unas experiencias con capacidad emancipatoria a quienes de otra forma solo eran agentes pasivos de, por ejemplo, la gestión de la salud. En estos casos, los resultados son visibles y no necesitan de ninguna intervención electoralista.

No obstante, intentemos no caer en el idealismo, como a menudo se sucumbe al hablar de experiencias de autogestión. Si seguimos con el ejemplo de la salud, por escoger a la vez uno fundamental y tremendamente complejo, encontramos que la atención primaria se desarrolla correctamente, valiéndose del apoyo mutuo y abriendo toda una serie de posibilidades en un terreno prácticamente inexplorado desde los movimientos rupturistas. Sin embargo, si el problema que ha llevado a una persona a recibir atención primaria persiste o necesita atención especializada y costosa, los recursos de este tipo de experiencias se ven rápidamente agotados, teniendo que recurrir a la buena voluntad de los médicos de la sanidad estatal. Lo que aquí señalamos no es tanto una necesidad de una expresión electoral directa, sino un límite con el que nos encontramos y que aún establece una dependencia.

V. ¿Cuál es el papel Syriza en el proceso de ruptura?

Son evidentes las inconsistencias de nuestras capacidades a día de hoy. Para nosotros son dos eventos recientes los que delatan nuestra debilidad en los respectivos Estados que tratamos. En Grecia no se ha sido capaz de plantear una oposición anticapitalista seria a Syriza más allá del KKE (sí, esos que defendían el parlamento heleno), ni más allá de experiencias aisladas y puntuales. En el caso del Estado español tras un periodo de movilización prolongado, seguido de otro de casi desértico coincidiendo con el desarrollo de las propuestas electorales, la primera movilización o demostración de fuerza no es llevada a cabo sino por aquellos que pretenden un salto de los signos políticos que tenían expresión en la calle, en la organización “desde abajo” (Plataformas contra los desahucios, Mareas, huelguistas de Cocacola o PanRico, etc.), a la representación de todo ello a nivel institucional.

Estos dos signos nos llevan a pensar que hay una evolución y un avance de terreno de las fuerzas más oportunistas, ancladas en un fantasioso reformismo y las posiciones más posibilistas que no hemos sabido calcular ni enfrentar. Sin embargo, lo que nos parece más importante con vistas a futuro es que esto delata también la existencia de al menos una base en los llamados países del Mediterráneo, elementos para la construcción de propuestas de ruptura que vaya más allá de lo electoral, denotando cierto avance, si no en lo que respecta a las condiciones materiales inmediatas y organizativas, al menos sí a las condiciones subjetivas.

Para comprender la situación griega es fundamental darse cuenta la incidencia rupturista escasa o nula que ha planteado Syriza ya desde el programa presentado para el gobierno griego, el cual en la mayoría de los casos no mejora las condiciones materiales existentes previas a la crisis. Este es un hecho fundamental para los revolucionarios, ya que, como ha confirmado tras su victoria, ninguna de las políticas que vayan a ser llevadas a cabo pueden suponer en ningún caso un elemento de ruptura, contradicción o una situación de falla con la burguesía, ya que no suponen una situación en la que las mejoras de las condiciones materiales para la clase trabajadora sean inasumibles para la burguesía, pero sin embargo sigan siendo insuficientes en cualquier caso para el proletariado.

El ascenso de una organización enmarcada en el modelo democrática autoproclamada como popular y de izquierdas se confirma como una tarea a afrontar, al suponer la confirmación de la vía democrática y la instalación en las instituciones como vía útil para la transformación social. El abandono de las calles e incluso criminalización por parte de Syriza en algunos casos a posiciones más rupturistas supone una traba importante para la oposición de propuestas de brecha, populares y de ánimo autoorganizativo.

Es esta en definitiva la cuestión a la cual seguramente nos tengamos que enfrentar en un futuro cercano y a la cual no somos capaces de dar respuestas inmediatas y que en el contexto actual no vemos ninguna otra respuesta que vaya más allá de reflexiones sin la más mínima expresión práctica. Es por esto que entendemos que es necesaria iniciar la constitución de un proceso de reflexión colectivo desde las posiciones de ruptura, con un carácter abierto en un sentido no dogmática y que intercale la acción colectiva como característica fundamental. Queremos señalar que esta oposición a las posturas dogmáticas no está fundamentada únicamente en la reflexión a propósito de lo ideológico en el análisis marxiano que compartimos de la lectura que se hace de Marx desde Lukacs hasta los autores de “la crítica del valor”, sino debido a una cuestión coyuntural de imponer la práctica y la reflexión y teorización en torno a ésta, frente a la elaboración sobre los pilares de la fe, aunque esta sea la fe revolucionaria.

Colectivo Brumario – A propósito de la cuestión griega

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