Notas al hilo del debate sobre el fenómeno Podemos

Erik el-B. Colectivo Brumario

¿Hay vida después de Podemos?

1. Estamos ante una pregunta que provoca vértigo. La misma lógica de saturación que ha inundado las tertulias de televisión, las noticias y las redes sociales se ha instalado en las posiciones extraparlamentarias. Salvo contadas excepciones, han sido unos meses de repliegue identitario, de parálisis y de brocha gorda para explicar fenómenos complejos. Las críticas tomaban en consideración únicamente aquellos elementos que permitían justificar las propias posiciones, ampliando la cacofonía mediática al tiempo que revelaban un impasse. Una impotencia. Una derrota.

Corremos el riesgo de idealizar el período previo a la aparición de Podemos, surgido del ciclo de luchas que estalló el 15 de mayo del 2011. La autonomía política del movimiento, la progresiva acumulación de fuerzas, o la concepción de la lucha como único camino nos parecían realidades que saltaban a la vista. Hoy creemos que pecábamos de optimismo y que de aquella idealización surge la actual incapacidad de respuesta.

2. ¿Por qué tras el 22 de marzo del 2014 todo vuelve a la normalidad? Estamos hablando de dos millones de personas en las calles de la capital, de una infraestructura en los barrios que recibe, organiza, alimenta y acompaña a columnas que llegan de todos los puntos del Estado, de mantener la posición y desbordar a la Policía Nacional, en definitiva, de una potencia con capacidad objetiva de darse tiempo y espacio. Conviene hacer balance y responder con humildad antes de buscar en Podemos la clave de bóveda de la desmovilización. Salir de la zona de confort que nos relega al papel histórico de eternos traicionados en vísperas de la revolución.

¿Es Podemos o es la lucha de clases?

3. La idea del Estado-nación como defensa última frente al poder social del capital, no es tanto una victoria del discurso socialdemócrata como la victoria ideológica de una determinada forma de relación capitalista: la del estado del bienestar, el empleo y los derechos sociales, etc, que aunque lleve décadas perdiendo materialidad, se mantiene en el imaginario social y se presenta como único horizonte deseable de “transformación”.

Los movimientos sociales realmente existentes parten de esa derrota ideológica. No están por la ruptura sino por una vida vivible en el marco capitalista, -que no es poco-. Aunque deseemos ver el Gamonal, la huelga de basuras, los Rodea el Congreso o las Marchas de la Dignidad como puntos de inflexión, son poco más que episodios fragmentados. A falta de un relato colectivo arraigado en la vida cotidiana, han sido “traducidos” por su representación en audiencias, encuestas y sondeos.

4. Por lo tanto, Podemos no está haciendo de muro de contención porque por el momento no hay nada subversivo que contener, sino que está anclando -o manteniendo- a los de abajo a ese imaginario social dominante y a esas posiciones subjetivas ya existentes, que son las suyas propias. La pequeña burguesía, desplazada por los efectos sociales de la crisis aprovechará esa pequeña ventaja comparativa frente a la oligarquía financiera.

Las movilizaciones contra las políticas de austeridad volverán con o sin Podemos en las instituciones. De lo que se tratará entonces será de: 1) Disputarle su dirección ideológica a la pequeña burguesía explicando en el seno de las luchas por qué no será posible el regreso al pasado. 2) Hacerlo elevando los niveles de autoconfianza colectiva en lugar de esperar que la perspectiva de ruptura emerja por arte de magia. Lo único que emergería serían reformulaciones de tipo fascista. 3) Abrir y afianzar espacios al margen de la valorización, en la vivienda, en el trabajo, en la alimentación, en el ocio, en la autodefensa, etc. Es decir, crear comunidad de lucha.

No se trata de ningún descubrimiento genial el decir que la gente quiere volver al período anterior a la crisis en lugar de hacer la revolución. Esto último es tan obvio como que será necesario contar con ellos y ellas para hacerla, si todavía se trata de hacerla. El proceso no pasará necesariamente por las instituciones, pero sí por convertir nuestros postulados en intuición mayoritaria ampliando la agregación social a los canis y las chonis, a las personas migrantes, a las personas mayores, a los votantes del Partido Socialista y a los votantes de Podemos.

En definitiva, participando en espacios de lucha tan contradictorios como la vida real sin miedo a ser excomulgados de las distintas sectas políticas; de igual a igual con personas que seguramente no pisen nunca un comedor vegano o unas jornadas antirrepresivas.

5. Aunque no sea el objetivo del texto, conviene esbozar rápidamente algunas cuestiones que se están haciendo correctamente en relación a otros territorios de nuestro entorno. Esto es, reconocer los propios aciertos para no caer en el fustigamiento.

Se están trazando líneas de demarcación que evitan que se tracen otras. Nos referimos a que la emergencia de un discurso xenófobo potente está siendo conjurada por el momento. Asimismo, la materialidad de la lucha por la vivienda ha permitido hablar en términos de expropiación porque ha generado un consenso, que corre el riesgo de sacar del tablero y dejar fuera de época a quien pretenda ignorarlo o matizarlo. Ahora se trata precisamente de buscar los resquicios por los que colarse en el trabajo, la sanidad o la educación para dejar fuera de época no sólo a los partidarios de los recortes, sino también a los de la soberanía.

Colectivo Brumario – Notas al hilo del debate sobre el fenómeno de Podemos

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