La Corrala Utopía

Desde muchos sectores de la izquierda se comete un error que puede deberse a una ilusión inocente o a la mala intención: condenar la traición del gobierno andaluz al permitir el desalojo de la Corrala Utopía. El error consiste en seguir depositando nuestra confianza en las instituciones que una y otra vez aplastan las respuestas populares a la crisis y al capitalismo. En creer que los partidos vinculados orgánicamente al imperio de la ley van a defender nuestros intereses. En que la institucionalidad burguesa va a reconocer las respuestas autoorganizativas como respuestas válidas, cuando son precisamente éstas las que están instalando la idea de que “sí se puede”.

El caso de Izquierda Unida es una evidencia flagrante de que el abandono de las prácticas de ruptura, y la asunción de las formas y maneras de hacer de la política liberal-burguesa llevan a un callejón sin salida. Pone de relieve la farsa de los “vendedores de habas mágicas” que dicen querer elevarnos al cielo plantando tan sólo unas vainas. O pretendiendo que las mismas estructuras culpables de nuestra situación de desesperación nos saquen de ésta. Hay contradicciones que, por mucho que diga el politólogo-estrella Pablo Iglesias, no se pueden cabalgar porque no están hechas para ello.

I. Carecemos de memoria, nunca dejaremos de sorprendernos.

No hace falta apelar a la recurrente traición de la izquierda gestionaria en los Pactos de la Moncloa. Hace sólo unos días, la iniciativa de los estudiantes de la Complutense para poder estudiar fue reprimida de manera deliberada por parte de un Rectorado que (¡oh, sorpresa!) decía tener un carácter diferente a los anteriores, esta vez sensible a las necesidades del estudiantado menos pudiente. El curso de las luchas pone a cada uno en su lugar: no son de los nuestros.

Se nos dice que lo importante es que se cumpla la ley, “para unos y para otros”. Hemos escuchado esa cantinela de manera constante en los debates televisivos según iban sucediéndose los casos de corrupción. No son únicamente Marhuenda, Eduardo Inda o Alfonso Rojo -aplicados voceros de los capitalistas- quienes plantean la importancia de hacer cumplir las leyes, sino también la neo-progresía que pinta de rojo las tertulias. Se abre así una brecha entre la defensa de las estructuras jurídicas y nuestra justicia sin mediaciones. Si hablaran claro dirían: “no pretendemos confrontar con nuestros enemigos de clase -Urdangarín, Bárcenas, la Infanta Cristina, etc.- sino que tengan un juicio justo porque somos muy demócratas”.

Así se plantean el Estado y sus leyes, articuladas para aventajar aún más a los capitalistas. La socialdemocracia de la primera mitad del siglo XX tenía la decencia de considerarlas un “mal menor” para oponerse a los postulados revolucionarios de su época. Hoy la legalidad se nos presenta como un fin en sí mismo: atractiva y deseable para la emancipación. Entienden que en el modo de producción capitalista el Estado y sus leyes puede moldearse alegremente al antojo de los gestores de turno, sin ningún tipo de determinación de partida.

Todo se reduce a una cuestión de “management”. Sobre la base de estas categorías -las suyas- no es posible ir ganando terreno. Este no es un discurso maximalista, ¿de verdad creemos que podemos hacer nuestras unas instituciones diseñadas, constituidas y practicadas durante décadas por aquellos a quienes queremos combatir?

 IILos vecinos de la Corrala Utopía ya han decidido.

Izquierda Unida, Compromís y Equo, Podemos, y demás propuestas electorales vienen haciendo una campaña publicitaria del nuevo producto de moda, la democracia. Pero los vecinos de la Corrala Utopía no han comprado nada porque han elegido ejercer un papel protagonista. Mientras estas apuestas electorales abrían un amplio abanico de posibilidades -APPs, programas informáticos para elegir según los gustos promesas y candidatos/as-, en la corrala no echaban mano de ningún “interfaz del movimiento”, ni de ningún “representante instrumental de los de abajo”. Tomaron las casas que necesitaban para vivir porque era la vida lo que estaba en juego. Sin esperar pacientemente a que la Junta de Andalucía cumpliese lo que dijo, sin nociones de marketing político.

Algunos aplauden la entereza de los miembros del gobierno PSOE+IU en la Consejería Andaluza dedicada a la vivienda, pero son necesarias dos precisiones. Por un lado, la donación de llaves de viviendas vacías no es una respuesta de solidaridad obrera que apunta a la propiedad privada, sino un gesto caritativo propio de fundaciones de ricos enchaquetados como aquellos con mala conciencia que vemos en las películas de Hollywood. Por otra parte, cabe plantearse si esta tibia respuesta hubiera tenido lugar sin que la movilización popular hubiera puesto entre la espada y la pared al gobierno que prometía casas para todos entre desahucio y desahucio.

 

Colectivo Brumario – La Corrala Utopia

 

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